martes, 31 de enero de 2012

No siempre juntos

Érase una vez un conjunto de letras que paseaban por una senda entre dos bosques de sentimientos que compartían el mismo aire, la misma tierra, la misma luz y la misma felicidad; cuando de pronto una letra se separó del grupo e irrumpió en el bosque más perfumado y se encontró con el árbol de la ira y este yacía seco y descascarado, luego pasó por el árbol del odio que se apoyaba para no caerse, sobre un árbol fuerte y fresco, era el árbol del amor, quien compasivamente lo contenía. La letra, de piernas temblorosas y rostro desencajado, retrocedía sin saber lo que sentía, cuando de pronto giró y corrió como la cresta de una ola, hasta tropezar en el camino y rodar hasta el otro bosque donde solo había hojas secas y unas bellas flores que no superaban la altura de sus rodillas y de repente llegaron las otras letras; primero la "m", luego la "i", la "e", la "p", la "r", la "j", la "u", la "n", la "t", la "a", al último la hermana gemela de la "e" y de la "s", a quienes les contó lo que vio, entonces estas le dijeron: ‟Unámonos y llevemos todas estas bellas flores al otro bosque para salvarlo” y en medio del llanto y la duda la "s" cedió. Trabajaron ‟siempre juntas” logrando traspasar y sembrar todas las bellas flores al otro bosque en un día y se fueron felices.
Al cabo de un mes volvieron por el mismo camino y entraron al campo de flores, donde ya solo había polvo, pétalos secos y una última flor que caía muerta. Fueron al otro bosque y olía a podrido, no había flores, el árbol del amor soplaba suave sobre el suelo y el árbol del odio se reía y decía: ‟Ustedes arrancaron amor joven del otro bosque y el resto murió de pena, trajeron ese amor aquí y yo me aproveché de su vida y me alimenté de su juventud, me hice suficientemente fuerte para debilitar al árbol que me sostenía, lo derroté y ahora me besa los pies”. Y las letras se sintieron culpables, impotentes y molestas, peleándose entre sí por el error y separándose para siempre.
Esto nos enseña que el amor crece con el tiempo y la paciencia en el lugar adecuado y en el momento adecuado y que no nace ni crece si se fuerza o supedita a una promesa o compromiso, simplemente se siembra en libertad, crece a voluntad y se desarrolla sin saber qué tamaño alcanzará, de lo contrario morirá o sólo será un proyecto que en palabra quedará.

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