martes, 15 de junio de 2010

Sangre y tinta

¡Tú!, hoja blanca, eres la única que me aguanta; en ti apoyo mi alma derrotada y mi corazón la sangre la hace tinta y la plasma en ti. Quisiera ser como una lágrima la cual goza de movimiento y su existencia tiene sentido en la vida del ser humano. Siento que soy como una hoja seca llevada por un otoño infinito hacia algún lugar que nunca llega y que el viento sólo me lleva y yo floto y floto sin poder decidir a dónde ir. Hoy me duele más mi vida en la tierra que mi rostro sanguinolento y desfigurado por una fiera. Hay abismos y remolinos en el transcurso de mi vida que no me botan sino que me revuelcan y destrozan. Hoy digo que hubiera querido ser mi hermano, aquel que algún día se formaba y por una impertinencia o tal vez gusto del destino nunca nació. Sólo sé que sigo vivo; pero cada día que pasa siento que un cáncer moral me consume y que la luz de mi vida se va haciendo más ridícula, que el aire rebota en las paredes de mis fosas y que si no me anima Dios a seguir un sendero de vida, seguiré enfermo hacia una pronta muerte.

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